El aceite de krill no solo enmascara los síntomas, sino que también ayuda a restaurar los factores biológicos que promueven la acumulación de grasa, la inflamación y el estrés oxidativo en su origen. Descubre cómo este aceite marino, a diferencia del aceite de pescado estándar, ayuda a proteger el hígado, optimiza el metabolismo del colesterol y refuerza las defensas antioxidantes.
El aceite de krill combate la grasa, la inflamación y el estrés oxidativo simultáneamente.
Un estudio de 2024 publicado en Nutrients examinó los efectos de la suplementación con aceite de krill en ratones con obesidad inducida por la dieta y disfunción metabólica.1 El objetivo era determinar si el aceite de krill podía reducir la acumulación de grasa en el hígado, optimizar los niveles de colesterol y disminuir el estrés oxidativo, factores importantes en la enfermedad del hígado graso y el riesgo cardiovascular. Los investigadores también analizaron si los compuestos del aceite de krill interfieren con enzimas específicas que promueven la síntesis de colesterol y el almacenamiento de grasa.
Los animales utilizados en el estudio recibieron una dieta alta en grasas para simular la obesidad y el daño metabólico: el modelo murino se diseñó para reflejar lo que ocurre en humanos que consumen alimentos ricos en grasas y calorías. Estos animales aumentaron de peso, acumularon grasa visceral y hepática, y desarrollaron marcadores sanguíneos asociados con una mala salud metabólica.
Se administró aceite de krill en una dosis de 400 miligramos (mg) por kilogramo (kg) al día durante 60 días. Los investigadores rastrearon los cambios en los niveles de colesterol sanguíneo, triglicéridos, enzimas hepáticas y marcadores de estrés oxidativo para evaluar los efectos del aceite de krill.
