“Al menos ya no sufre”.
Esta es probablemente una de las frases más comunes… y más delicadas. Aunque pretenda ser reconfortante, puede percibirse como una negación del dolor actual. Para los seres queridos, el problema no es el sufrimiento pasado, sino la ausencia presente.
Una mejor opción: una frase sencilla y sincera, como “Pienso mucho en ti” o “Estoy aquí si necesitas algo”.
“Todo pasa por algo”.
Esta idea puede parecer tranquilizadora en teoría, pero en un momento de duelo, puede provocar incomprensión o enojo. A veces da la impresión de que el dolor debe aceptarse de inmediato, sin discusión ni emoción.
Una mejor opción: “No tengo palabras, pero estoy aquí para ti”.
“Sé cómo te sientes”.
Aunque hayas vivido una situación difícil, cada relación es única, al igual que cada sentimiento. Comparar experiencias, incluso inconscientemente, puede crear la sensación de que el dolor de la otra persona se está midiendo.
Prueba estos enfoques: escucha, asiente, deja que la otra persona se exprese a su propio ritmo… o simplemente guarda silencio.
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“Tienes que ser fuerte”. Esta frase, a menudo dicha con ternura, puede ser, sin embargo, una pesada carga. Implica que hay una manera “correcta” de vivir estos momentos y que mostrar emociones es una debilidad.
Prueba estos enfoques en su lugar: “Tienes derecho a sentir todo lo que sientes” o “Llorar es normal”.
¿Qué es mejor que las palabras?
En estos momentos, las acciones suelen tener mucho más peso que las trivialidades. Un abrazo (si es bienvenido), una mirada sincera, una presencia discreta pueden transmitir mucho más apoyo que un largo discurso.
El silencio respetuoso nunca es un vacío: es un espacio que se ofrece a la otra persona para vivir con su dolor, sin presión.
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