Una cuestión de cultura… y humanidad
En muchas familias, los momentos de reflexión también son un momento para reunirse, solidarizarse y transmitir tradiciones. Pero esta cercanía nunca debe convertirse en una obligación para hablar. Estar presente no se trata de explicar, arreglar ni consolar a toda costa. Se trata simplemente de acompañar.
Es importante recordar que lo que perdura en la memoria de una persona en duelo no son las palabras perfectas, sino la actitud, el respeto y la sinceridad que se siente.
En caso de duda, la sencillez sigue siendo la mejor aliada.
Si no sabes qué decir, suele ser señal de que estás atento. Y eso ya es mucho. Un simple “Estoy pensando en ti”, un mensaje breve o incluso un simple “Estoy aquí” es más que suficiente.
En estos momentos tan sensibles, el mayor gesto de cariño no es encontrar las palabras adecuadas… sino atreverse a ofrecer una presencia compasiva y un apoyo genuino.
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