Otro factor natural que influye es el envejecimiento. Con el paso de los años, la piel pierde colágeno, una proteína esencial para su firmeza y elasticidad. A medida que la piel se adelgaza y pierde elasticidad, las estructuras internas, como las venas, se hacen más visibles, especialmente en las manos, donde la piel es naturalmente delicada.
Las altas temperaturas también pueden ser un factor. Con el calor, el cuerpo intenta regular su temperatura dilatando los vasos sanguíneos, lo que facilita la salida del calor a través de la piel. Esto puede hacer que las venas sean más visibles después de un baño caliente en verano o tras una exposición prolongada al sol.
Si bien las venas visibles no suelen ser motivo de preocupación, algunas situaciones requieren atención especial. Por ejemplo, si las venas se ven hinchadas, cambian de color o se acompañan de dolor, sensación de pesadez o ardor, podría tratarse de varices o de un problema circulatorio, como flebitis o, en casos más graves, trombosis. Si aparecen estos síntomas, es recomendable consultar a un especialista para una revisión médica completa.
La deshidratación o una mala alimentación también pueden hacer que las venas sean más visibles. Cuando el cuerpo carece de agua o de ciertos nutrientes, la piel puede perder grosor y elasticidad, volviéndose más transparente y revelando claramente lo que hay debajo.
