La buena noticia es que, cuando el problema se detecta a tiempo, los riñones pueden mantenerse sanos durante muchos años. Los cambios en la dieta, el control de la presión arterial y la glucemia, una hidratación adecuada y el seguimiento médico pueden marcar una gran diferencia.
Cuidar los riñones no requiere medidas extremas, sino constancia. Reducir el consumo de sal, priorizar los alimentos frescos, beber agua con regularidad y hacer un poco más de ejercicio a diario son acciones sencillas que tienen un impacto considerable. No se trata de perfección, sino de equilibrio.
Escuchar a tu cuerpo también es fundamental. No se deben ignorar los cambios en la orina, la hinchazón persistente, la fatiga inexplicable o el dolor lumbar. Consultar a un médico a tiempo puede prevenir complicaciones más graves.
Otro aspecto importante es la prevención mediante chequeos médicos. Un simple análisis de sangre y orina puede proporcionar información valiosa sobre la función renal. Muchas personas descubren problemas por casualidad, cuando ya están avanzados, porque nunca se han realizado chequeos preventivos.
Hablar de la salud renal no debería ser un tema distante ni técnico. Forma parte del cuidado corporal básico, al igual que la salud cardíaca o pulmonar. Los riñones generalmente no ofrecen una segunda oportunidad cuando el daño es grave, por lo que la concienciación es crucial.
