Desde esta perspectiva, también podemos preguntarnos: ¿qué significan estas señales en términos de preparación para lo inevitable? Algunos investigadores sugieren que el sentido del olfato puede intensificarse en los momentos previos a la muerte, como una adaptación biológica final. Este fenómeno puede incluir la percepción de olores de descomposición o incluso aromas vinculados a la naturaleza, que brindan calma y serenidad ante el desenlace fatal. ¿Es el olfato el primer sentido que se despierta al nacer?
Desde que llegamos al mundo, el olfato juega un papel esencial en nuestra relación con el entorno. En sus primeros momentos de vida, los recién nacidos dependen del olfato para identificarse con su madre, una de las figuras más importantes de su vida. Este vínculo continúa a lo largo de la vida, estableciendo una profunda conexión con las experiencias y emociones asociadas a los diferentes olores.
Nuestra percepción de los olores puede cambiar con el tiempo, y estos cambios suelen estar vinculados a eventos vitales importantes, como momentos de duelo o tristeza. Así, un mismo aroma puede reavivar el recuerdo de un ser querido fallecido, intensificando el vínculo que compartimos con él, a pesar de su ausencia física. De hecho, el olfato se manifiesta como un lenguaje corporal de emociones que trasciende el tiempo y el espacio.
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