4. Elimine los aceites vegetales para equilibrar su consumo de grasas: Si consume con frecuencia alimentos procesados elaborados con aceite de soja, canola, maíz o girasol, satura su cuerpo con ácido linoleico (AL), lo que empeora la inflamación y anula los beneficios de los omega-3. Reemplace estos aceites con opciones más saludables como sebo, ghee y mantequilla de animales alimentados con pasto, y obtenga sus omega-3 de fuentes de buena calidad como el aceite de krill o el pescado azul.
5. Fortalezca las defensas antioxidantes naturales de su cuerpo: El estrés oxidativo tiene un impacto significativo en el daño hepático y la resistencia a la insulina. El aceite de krill no solo reduce el daño, sino que también ayuda a activar los sistemas antioxidantes del cuerpo, incluyendo potentes enzimas que limpian las células y descomponen las sustancias dañinas antes de que causen problemas. Para reforzar este proceso, consume alimentos ricos en antioxidantes como bayas, hierbas y verduras de colores vibrantes.
Si tienes problemas de grasa abdominal, baja energía o niveles de azúcar en sangre cada vez más altos, estos no son síntomas aleatorios; en realidad, están relacionados. El aceite de krill es una herramienta sencilla y con respaldo científico que ayuda a abordar las causas fundamentales, no solo los síntomas. Úsalo como parte de un cambio de estilo de vida más amplio que nutra tu cuerpo en lugar de abrumarlo.
Preguntas frecuentes sobre el aceite de krill y el hígado graso
