Recuerda cada detalle.
Cuando alguien realmente importa, te sorprendes recordándolo todo: una frase, un gesto, una mirada.
Reflexiona sobre esos momentos, a veces con una sonrisa, prueba de que esa conexión emocional ocupa un lugar importante en su mente.
Se vuelve más consciente de sí misma.
Sin pensarlo, presta más atención a su comportamiento, a su forma de hablar, a su apariencia cuando lo ve.
No es vanidad, sino un deseo natural de mostrar lo mejor de sí misma a alguien a quien respeta.
Su estado de ánimo depende de su presencia.
Cuando él está presente, todo parece más sencillo: está más relajada, más abierta, más alegre.
En cambio, cuando el contacto es poco frecuente, parece distraída, menos disponible emocionalmente. Este cambio de humor suele reflejar un fuerte apego emocional que va más allá de la simple amistad.
