Simplemente permite identificar la parte delantera de la ropa interior.
Un truco muy sencillo, pero extraordinariamente efectivo cuando te vistes con prisa, con poca luz o cuando el diseño no distingue claramente la parte delantera de la trasera. Este pequeño detalle evita muchas dudas matutinas y, cabe decir, añade un grato toque de delicadeza.
Un legado de otra época
La historia del pequeño lazo se remonta a varios siglos atrás, mucho antes de la llegada del elástico.
En los siglos XVII y XVIII, la ropa interior femenina se sujetaba con cintas atadas a la cintura o al frente. Estas cintas servían para ajustar la prenda y mantenerla en su lugar. Con el tiempo y la evolución de los tejidos, las cintas se hicieron menos necesarias… pero el gesto de hacer un nudo se mantuvo. Por costumbre, y luego por razones estéticas, los fabricantes conservaron este pequeño símbolo, transformándolo en un detalle decorativo.
Como nos recuerda el historiador Denis Bruna, el nudo ya representaba la feminidad y la atención al detalle, valores que aún hoy se asocian a la lencería.
