Tengo 90 años y aún sigo en la calle con mi comal caliente, preparando quesadillas como lo he hecho toda mi vida. Aunque el cuerpo se cansa, mi corazón se alegra cuando alguien prueba mi comida y sonríe. No vendo solo tortillas y queso, vendo el esfuerzo de toda una vida… asombrosa historia de trabajo y constancia. 🌮👵✨