Un gesto tierno… que, sin embargo, le costará caro: el jefe, al presenciar la escena, decide despedirla. Camille sale de la panadería, con el prendedor en la mano, sin imaginar aún lo que este intercambio desencadenará.
Un mensaje inesperado… y un soplo de esperanza.
Las semanas siguientes transcurren al ritmo de su búsqueda de empleo. Una mañana, mientras ordena sus cosas, Camille encuentra su viejo delantal. En un bolsillo, un sobre que nunca antes había visto. Dentro, una frase cuidadosamente elegida:
“La amabilidad a veces tiene un precio, pero nunca es en vano”. Reconoce de inmediato la discreta firma de Élise. Un escalofrío la recorre: ¿cómo ha acabado allí esta carta? ¿Por qué ahora? No tiene las respuestas… pero este mensaje llega justo cuando las necesita.
Una puerta que se abre cuando menos te lo esperas.
Esa misma noche, al cruzar la ciudad, Camille ve un cartel: “Estamos contratando”. El café es cálido y luminoso, nada que ver con su antiguo lugar de trabajo. Entra tímidamente y le cuenta su historia al gerente, Julien: su trayectoria y el día que eligió la amabilidad por encima de las reglas estrictas.
La mirada de Julien se suaviza. No solo escucha; comprende. «Aquí valoramos el corazón, no solo las manos», dice antes de ofrecerle trabajo de inmediato. Guarda el pin en el bolsillo, ya no como amuleto de la suerte, sino como símbolo de una decisión acertada.
